-… te vamos a matar…
- … tu vida no vale nada…
- …me comeré tus entrañas…
- …destruiré todo lo que valoras…
- …hoy es el día de tu funeral…
Si ahí estaban, las voces que siempre me atormentan, he escuchado voces de una manera frecuente desde que iba a la mitad de la primaria, en aquel entonces dijeron que con el tiempo se me pasaría, hoy en día voy cursando el segundo año de preparatoria, y sigo escuchándolas.
En este mundo solo hay una persona que me entiende, solo una persona que me creé, Abigail.
Cuando era pequeño, antes de escuchar las voces, la maestra de segundo de primaria me junto en equipo con Abi para hacer una pintura y no tenía pinturas suficientes, así que nos junto solo a nosotros dos, entre tantos niños, fuimos los únicos que se quedaron sin pinturas, así que tuvimos que compartir. No hace falta decir que hicimos un desastre con las pinturas, y la maestra se enojo mucho, por lo que nos castigaron, dejándonos castigados dos horas después de clases, esperando a que nuestros padres llegarán.
En el aula de castigo, el profesor se salía constantemente, lo que nos dio tiempo para hablar, empezando con echarle la culpa al otro por estar castigados, y terminamos hablando mucho ese día.
Al ver que nuestros padres no llegaban, los profesores nos preguntaron que pasaba; Abi se quedo muy callada al preguntarle por su padre, diciendo en silencio –nunca preguntes eso- le preguntaron por su madre, y no quiso responder….
Yo por mi parte les di un número telefónico, de la oficina de mi padre el cuál convenció a los profesores de dejarme regresar solo a casa; le preguntaron a Abigail, donde vivía, y resulto que éramos vecinos, así termine responsabilizándome de acompañar a Abi a casa, o quizás de que Abi me llevara a casa da igual.
Tal es el caso que llegamos caminando a casa, desde entonces fuimos muy buenos amigos, y tuvimos una relación muy entrañable, al cabo de que me consoló cuando empecé a escuchar las voces solo un año después de volverme amigo de Abi, siendo que ella me creyó sin preguntar nada aún cuando nunca le dije lo que pasaba realmente.
Y así crecimos, hablando como los mejores amigos, siendo vecinos, siempre nos contábamos casi todo, hablando como si fuéramos buenos hermanos. Supe de su mejor amiga de la primaria, llamada Yeimi y de como se separaron al entrar a la secundaria, de su primer novio, y cuando rompió con el, en especial por que tuve que estar con ella durante varias semanas.
Me contó de todas sus mascotas, afirmando que tiene una maldición con los animales, pues su hámster que insistió como un año que le compraran de chiquita, le mordía cada vez que intentaba acariciarlo, escapándose siempre que podía, y me llamaba para intentar atraparlo, un día se escapo de su jaula durante la noche, y en ves de huir, se subió a su cama y la mordió varias veces asustándola mucho, su gato “bigotes” le golpeaba la cabeza cada vez que Abi pasaba por un tejado, el gato siempre la esperaba, para golpearle la cabeza, y sus dos perros (uno a los cinco años y otro a los doce) la tiraban cada vez que llegaba a casa, por eso no es bueno tener un san bernardo (a los doce años) son muy grandes, y los “Westies” (a los cinco) tienen de verdad mucha energía.